Blog — Intenciones

Dante Noguez
Versión 0.5.0
Lengua EN/IT

Confesiones

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Belleza

  1. Chaikovski compuso el Pas de deux poco tiempo después de que falleciera su hermana. Es la pieza musical más bella y conmovedora que he escuchado en mi vida.

  2. En 2016, dediqué el mes de septiembre a leer el Quijote de Cervantes; era una edición de Porrúa que tomé de la biblioteca de la universidad. A mí sí me dio mucha risa.

  3. En 2017 empecé a leer a Borges. Había pasado un mes leyendo el Quijote para poder entender Pierre Menard, autor del Quijote, pero aún así no lo entendí. Pasé meses leyendo a Borges por las tardes. Un día derramé lágrimas de belleza leyéndolo.

  4. El retrato de Dorian Gray me sacudió el cerebro como ningún otro libro lo ha hecho. El prefacio, que Wilde escribió como respuesta a las críticas que recibió tras publicarlo, es la más perfecta definición de literatura. El derroche de ingenio y agudeza, el desprecio por la industriosidad, la noción del intelecto como instrumento del juego, el capricho y el carácter, la idea aristotélica de la literatura como fin en sí mismo, son algunos de los principios articuladores de ese mundo irresistible que es la literatura de Oscar Wilde.

  5. Le dediqué Cigarettes and coffee de Otis Redding a Elizabeth cuando me enamoré de ella.

  6. En 2018, caminando por los jardines del CREFAL de Pátzcuaro, comprendí el primer álbum de Led Zeppelin y se convirtió en mi favorito.

  7. Los videocasetes de Guns N’ Roses en el Rock in Rio del 2001 y el HIStory tour de Michael Jackson en Munich en 1997: mis primeros recuerdos musicales.

  8. Cuando era pequeño, escuchaba desde mi habitación la música de George Michael y Enya siempre que mi mamá reproducía sus CD en un estéreo Sony AIWA CX-NA888.

  9. Good thoughts bad thoughts de Funkadelic y Shine a light de Spiritualized: la música que me salvó de la desesperación y la enfermedad en 2021.

  10. En 2015, pasé una noche escuchando la versión para piano y violín de Mariä Wiegenlied de Max Reger. Por la mañana, mi papá me preguntó qué melodía era aquella.

  11. Recuerdo cuando el profesor Rafael Peña nos leyó El ruiseñor y la rosa en clase. Le agradó la reflexión que escribí al respecto. Mis compañeros se pasaban mi cuaderno entre sí para leerla y les dejaba una sonrisa.

  12. En 2025 visité por primera vez el Museo del Prado. Miraba muy de cerca los cuadros de Velázquez; observaba confuso las pinceladas, intentando averiguar si eran humanas o celestiales. Fue después, caminando por el Barrio de las Letras, cuando me di cuenta de que los hombres del Siglo de Oro eran hombres de carne y hueso y no seres mitológicos; personas que habitaron el mismo mundo que yo habito y pisaron las mismas calles que yo piso. En los días próximos, Bernini y la Capilla Sixtina hicieron difusa para mí la línea entre lo real y lo eidético una vez más. Al finalizar mi viaje, cené con Ernesto Castro y mi mujer y me di cuenta de que no sólo podía contemplar lo sobrenatural, sino también entablar diálogo con ello.

  13. Time de Pink Floyd me conmovió hasta las lágrimas un día de mayo del 2026 mientras miraba el cielo zaragozano por la ventana. En distintas etapas de mi vida he tenido experiencias similares con Strawberry fields forever de los Beatles, Clair de lune de Isao Tomita, Try some buy some de George Harrison, Hallelujah de Jeff Buckley y Flume de Bon Iver.

  14. Mientras atravesaba mi primer ruptura amorosa en 2015, pasé una tarde en Huecorio ayudando a mi abuelo con trabajos de carpintería en su taller. Por la radio comenzó a sonar Spiegel im Spiegel de Arvö Part; con un nudo en la garganta, le pregunté a mi abuelo qué música era aquella. Días después, me regaló un CD de Arvö. Satellite of love de Lou Reed y Nutshell de Alice in Chains me acompañaron durante esa época. The rise and fall of Ziggy Stardust and the spiders from mars fue el álbum que escuché mientras la relación duró.

  15. Recuerdo perfectamente el día en que escuché Puente y Adiós de Cerati por primera vez: fue una mañana perfecta. Salí a desayunar con Frank y Rogelio al Maison Paulette de Providencia; el sol del amanecer estaba precioso y era un gozo respirar el aire fresco. El conductor del Uber escuchaba a Cerati a todo volumen en el camino; no supe agradecerle por la música.

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Horror

Forsan et haec olim meminisse iuvabit.

  1. Una vez me vomité en la cancha de baloncesto de la primaria. Frente a mí estaba la niña que me gustaba. Ella salió corriendo.

  2. La pandemia del coronavirus fue el evento que de manera más devastadora y generalizada me reveló la increíble poquedad y estupidez de las personas e instituciones que me rodean.

  3. Una vez me acompañó una mujer a casa. En aquel entonces, vivía solo en un departamento en Morelia y dormía en un colchón inflable. Al recostarme con ella en el colchón, este comenzó a desinflarse paulatinamente hasta llevarnos a ras de suelo. La dureza del suelo era sumamente incómoda y dolorosa. Ninguno de los dos dijimos nada y se fue. Al día siguiente, me vio besándome con otra mujer en la calzada Fray Antonio de San Miguel. No sé por cuál de las dos razones dejó de hablarme.

  4. Recuerdo estar acostado en el suelo y ver un montón de rostros a mi alrededor, inclinados para observarme. El «Choco» me había descalabrado con una piedra mientras yo pasaba caminando. Era un día normal en la primaria Benito Juárez.

  5. Refugio era un vagabundo que rondaba el mercado municipal de Pátzcuaro. No recuerdo su aspecto, pero sí recuerdo que vagaba vociferando insultos al aire. Se refugiaba en un lote abandonado y repleto de maleza en la calle Espejo, cerca de la secundaria Federal Lázaro Cárdenas. Cuando salíamos de la escuela, pasábamos caminando por ahí y los demás comenzaban a llamarlo. Si respondía, le lanzaban piedras. No era posible verlo entre la maleza, pero de pronto soltaba alaridos e insultos, no sé si de enfado o dolor.

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Cotidianidad

  1. Leí buena parte de los tomos de la colección Capilla Alfonsina en dos lugares concretos: sentado en una jardinera afuera del Hospital General de La Margarita algunos, y en la sala de espera de la central de autobuses de Apizaco los otros. En esa misma central besé a una mujer que nunca volví a ver. Waves de Bahamas es la canción que escuchaba al regresar en el autobús.